No lloro con frecuencia. De hecho, casi nunca. Por eso, creo que las penas de la vida crecen una encima de otra dentro del cuerpo entre las ocasiones en que lloro. Y estas ocasiones son como cuando uno mira afuera y ve un gran nube y piensa que en cualquier momento, hay que llover. El nube crece y crece, hasta que una gota solita se caiga. El nube se siente un poco mejor, y se cae otra gota. Se caen más y más rapidamente hasta que haya un aguacero. Pero después de la lluvia, sale el sol. La tierra está más sana, y el nube, vaciado, desaparece hasta la próxima tormenta. Después de llorar, me siento mejor.
Ironicamente, a veces la rara ocasión en que lloro coincide con la lluvia. Es como el tiempo afuera refleja mis sentimientos adentro.
Ironicamente, a veces la rara ocasión en que lloro coincide con la lluvia. Es como el tiempo afuera refleja mis sentimientos adentro.
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